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El Comité Intercentros de Viajes Marsans –asesorado por UGT y CNT– ha aceptado la propuesta de la compañía y la Administración concursal para llevar a cabo un Expediente de Regulación de Empleo de extinción para 1.390 trabajadores, es decir, la práctica totalidad de la plantilla. Esto supone que estaríamos hablando del cierre definitivo de Viajes Marsans.
Las particularidades del ERE al que se han visto abocados los trabajadores de Marsans se reflejan en el acta del preacuerdo que acompaña, como anexo, al presente comunicado. En este sentido, se mantiene la petición del Comité Intercentros de 32 días por año trabajado con un máximo de 30 mensualidades, o 70.000 euros, quedando superada la insultante propuesta realizada por la empresa de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades.
La ampliación del ERE de extinción –que en origen afectaba a 947 trabajadores– a toda la plantilla ha quedado justificada por los responsables de la empresa en los siguientes términos: “Creíamos en el plan de viabilidad, pero la situación se ha ido agravando y degradando”. Por tanto, esta retahíla de palabras huecas viene a confirmar lo que siempre sospechamos: Posibilitum Business y sus cabecillas –Ángel de Cabo e Iván Losada– han sido los “sicarios” contratados por Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual para liquidar una de las más importantes empresas del sector turístico de este país, con una plantilla de 4.000 trabajadores, más de 700 oficinas y presencia en Brasil, Portugal y España.
Lo más trágico de esta situación es tener que cerrar una empresa que era el sustento de 4.000 familias. Pero no sólo. Una vez más, la sociedad española ha sido testigo –gracias a la labor informativa y rigurosa de los medios de comunicación– de cómo en este país se puede hundir una compañía sin asumir una sola responsabilidad, sin aceptar un mínimo de culpa, con la palabrería y las buenas intenciones de una Administración pública incapaz de impedir semejante atropello, con un sistema judicial cuya lenta maquinaria pone en riesgo la materialización temprana y palpable de cualquier acuerdo, con una larga lista de acreedores –entre los que se encuentran los propios trabajadores– que serán los damnificados silenciosos de la incapacidad de dos empresarios –Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual– que hicieron fortuna en tiempos de bonanza y con las técnicas propias de los comerciantes de barrio: el clientelismo y las relaciones sociales con las altas esferas del poder público. Estos dos individuos están hoy intactos e impolutos, después de encadenar múltiples fracasos empresariales –Air Comet, Seguros Mercurio, Marsans, etc– que no les han pasado factura, ni siquiera en su patrimonio personal.
El presidente de la patronal CEOE, representante de una parte importante del empresariado de este país, está representando, también, un estilo de gestión empresarial que, atendiendo a sus circunstancias, tiene como máxima sacar el mayor beneficio con la mínima inversión y, cuando vengan mal dadas, a correr.
Estos empresarios de medio pelo, como los que han arruinado Viajes Marsans, no saben lo que es la productividad basada en la fabricación de bienes y servicios que generen beneficios a medio y largo plazo para reinvertir, una parte de los mismos, en la consolidación de la propia compañía y en la modernización de sus recursos y formación de sus trabajadores. Estos son tipos “espabilaos” que venden intangibles, servicios en abstracto, cajas vacías. Son intermediarios de intermediarios, advenedizos todoterreno, pícaros de guante blanco, ilusionistas, mercaderes de pufos, trileros que visten de Armani, gestores de mesa camilla. No saben crear empleo porque no son empresarios y ninguna reforma o ayuda les parecerá suficiente, todo son excusas y buscan culpables hasta en el armario. Viajes Marsans es un síntoma más de la calidad de una parte del empresariado de este país.